Mi papá se compró una bicicleta "portátil" como vehículo de acercamiento. La gracia que tienen, aparte de sus aspecto ridículo, es que son plegables, entonces te acercan al metro o micro; la doblas y te subes. Mi papá no, él se va todos los días desde Chorrillos hasta la plaza Sotomayor en la cleta.
Yo decidí que no sería mala idea acompañarlo una vez a la semana. Así salía del estado de sendentarismo en el que me encuentro, y además aprovecho de pasar tiempo con él.
Así lo hice; ya llevaba tres semanas. Lo dejaba en Valparaíso y me venía de vuelta, con buena música de compañía. Era tan rico! Aparte de uno que otro perro que se me lanzaba a las ruedas y del pánico que ésto me provocaba, no tenía mayor problema. Incluso llegué a estar orgullosa de mi estado físico, después de todo, es un buen pique ida y vuelta.
Hoy fue distinto. Prometía ser uno de aquellos Miércoles en que llegaba llena de endorfinas luego de mi ejercicio madrugador, a la rica ducha y de ahí echarme a ver el matinal... PERO NO.
Salimos con el papá tempranito, le echamos aire a mi bici (antes estaba usando la de mi hno), y partimos. No había llegado ni al Hospital Gustavo Fricke cuando empecé a notar que mi papá iba mucho más adelante. Y trataba de pedaliar lo más rápido que podía pero no lo lograba alcanzar.
No fue hasta que mi papá me preguntó ¿Cómo vamos chiquilina? que me di cuenta de que estaba muerta!! le dije, siempre digna, un poco cansada pero bien. Mentira!! Moríaa!!
Ya a la altura de la Plaza de Viña mi super paseo se había transformado en una tortura! Varias cuadras más allá le digo a mi papá "Quisás llegue sólo hasta Portales hoy" mientras que en mi cabeza lo único que pensaba era cómo en la vida llegaría hasta allá, y después lo peor, si lograría llegar con vida de vuelta.
Yo creo que Carlitos me vio la cara de compungida, y me dijo que si quería llegara hasta ahí no mas, pero yo firme (obvio) le decía que no, que llegaría al menos hasta allá. Ya en el reloj de flores me rendí! le dije que se fuera no más porque lo estaba atrasando.
El viaje de vuelta es otra historia. En verdad la distancia era nada comparado a lo que ya había hecho, pero me debo haber demorado fácil 40 minutos. Dios! qué mal... lo único que quería era que se terminara la tortura! Y trataba de analizar como el cuerpo me falló tanto si eso no me había pasado nunca antes.
Terminé por decidir que la culpa no era mía, sino que de la bicicleta!Obvio, porque seguramente no quedaron bien las ruedas o el canasto estaba muy pesado (esperemos que sea así), y que la próxima semana, de puro picada llegaré hasta Playa Ancha!!
Ese fue mi super Fail de hoy!!



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